Historia de La Moscarilla

La Moscarilla

Moscarilla

MIS PRIMEROS CONTACTOS CON EL MUNDO DE LA PESCA

Nunca se me olvidará la primera lección de pesca, de aquella mañana de primavera, cuando en una excursión al río en compañía de mis hermanos y mi padre, empedernido pescador y maestro en este arte; nos descubría ante nuestros atónitos ojos, al levantar las piedras del río, aquellos bichos acuáticos de diversas formas y colores, a los cuales desde aquel mismo momento quedé prendado y no los he quitado la vista de encima; pues la verdad es que me fascinaron, a demás la pesca era fácil y segura con ellos, el flotador no dejaba de hundirse; estaba claro que eran efectivos.

 Luego fue la cucharilla, que aunque el primer momento no me impacto como aquellos maravillosos insectos, al verla nadar en el agua con aquel mágico y rítmico parpadeo al final me acabó convenciendo y entusiasmando. Era el  “boom”  de la cucharilla, por lo menos en los pueblecitos de las sierras de Madrid; y cuando había que ir al río en tren y luego andar algunos kilómetros para llegar a la orilla.

Recuerdo también con gran claridad, aquellos pastores de la sierra del Atazar, que fueron los que de alguna manera también me alertaron de que la fascinante maquinita hidráulica, era demoledora en el río, y aún se podía apreciar en el brillo de sus ojos aquel parpadeo brillante, mientras nos contaba, con asombro, como si hubieran asistido a la mismísima multiplicación de los panes y los peces, como:

Unos pescadores habían venido con unas “medallitas” y se habían llevado casi todas las truchas.

El caso es que  por todo esto me fui aficionando a la  cucharilla; y ya era una idea obsesiva desde que cayó en mis manos un strimer por primera vez, confeccionar con éxito una cucharilla que sirviese para el látigo.

LAS PRIMERAS PRUEBAS CON ÉXITO

Esto ya se convirtió en le colmo de la obsesión, cuando estuve haciendo las pruebas para  desarrollar la colección de maquina total; donde pasé largas tardes en la bañera, probando señuelos, durante largas semanas y donde acabé con un dolor de espalda que me duró 6 meses.

En los primeros intentos hace cuatro años no lo pude conseguir y volví a fracasar, hace dos años cuando lo volví a intentar llegué a la conclusión de que una pala tan pequeña y ligera no podía poner resistencia alguna y por lo tanto nunca podría animar la chapa y me olvidé del asunto y lo archivé.

Fue en un acto de soberbia, mas que de machaconería, creo yo, cuando por tercera vez al estar probando en el río  unas ninfas de fieltro que brillan mucho pues llevan un tórax de tornasol, al ver el brillo me acordé otra vez de la jodía “medallita” y se activó de nuevo mi obsesión y me vino  una idea a la cabeza; “si la chapa no oponía resistencia alguna a lo mejor la mosca entera sí, ¡eso es! Con la pala fija y un esmerillón”.

Subí a casa rápidamente y con una angustia que  no me dejaba buscar los materiales necesarios y monté dos modelos experimentales.

No me pude liberar de mi perra Jara, así que  cogí  a la perra, el carrete y las moscas y volví a bajar al río; durante un rato cundió el pánico no iban tampoco, y además la perra que se había interesado por el brillante señuelo me hacía imposible manejar la caña; fue entonces cuando giré la pala que era casualmente moldeable y en un lance chapucero pero efectivo, esquivando a Jara, cayó la moscarilla en la escasa corriente. ¡Sí! ¡ahora si giraba!, claro está, pesa mas toda la mosca, luego funciona.

La dejé caer por la corriente un poco mas abajo y cogió velocidad, era increíble al estar confeccionada con papeles tornasoles de gran luminosidad parecía tener luz propia brillaba como una estrella en las sombras de la charca.

Con un tironcito la subí hacia el sol, como la corriente la mantenía en movimiento, generando un movimiento propio, y no tenía que accionar la caña me acerque para verla bien y examinarla de cerca, era una maravilla los dos pedacitos ligeros de papel que tenía adosados en la tija simulando la silueta de los abalorios de la cucharilla tradicional al girar eran bolas de metal con infinidad de colores alborotadores, chisporroteantes, efímeros y parecían piedras engarzadas. La chapa era cegadora y encantadora también, un tiovivo de reflejos  fascinantes, ficticios y relucientes. Además de ser luminosas y poderla ver bien tiene muchos destellos y tornasoles seguro que a los peces le atrae.

Tanto era mi asombro que casi me caigo al agua por acercarme y con un salto titánico Jara no se enganchó al sedal de milagro.

En el agua sumergida era una clara replica de la convencional y al poder cambiar los colores metalizados de la chapa y del resto de la mosca podría imitar, seguramente, la mayoría de las cucharillas con las que  ya había pescado y que todos los que hemos pecado con ellas conocemos su efectividad.

EL ASOMBRO ANTE EL TORNO DE MONTAJE

Volví a casa mas contento que unas castañuelas, pero con muchas dudas sobre su resistencia, o sus problemas a la hora de navegar definitivamente; pensaba tan deprisa que no podía ordenar las ideas y me puse ha montar más. Eran sencillas de hacer, increíblemente sencillas,  “era tan sencilla como una ninfa de cobre”, lo único que había que añadirle era la “medallita” y pescar con un esmerillon,  “Que sencillo el invento de la medallita, tan sencillo como  el de la fregona o el de Chupa-chups”, solo que aquí no había palo.

Mi entusiasmo crecía pues si aquello funcionaba habría conquistado los rios y el mar; los modelos pequeños podían ser imitaciones de insectos acuáticos mecanizados, con sus chapas transparentes con infinidad de tonos y los modelos mas grandes para peces de gran tamaño, por ejemplo el salmón, pasando por toda la gama de tonos y tamaños para la imitación de infinidad de animales acuáticos.

Enseguida comencé a montar con diferentes montajes y tamaños incluso una del 14 con una palita diminuta (tenéis que saber que a mí me gusta más que lo difícil lo imposible); así que aunque me pareció demasiada ambición hice una para probar, en el anzuelo podía plasmar los tonos conocidos y ya probados, también dubbin de pelo, fibras enrolladas y todo tipo de materiales utilizados en el montaje tradicional más los materiales nuevos.

También se podía incorporar la técnica del foan inventada ya para la colección de las Virtuales, y la nueva de fieltro, mientras pensaba que si esto funcionaba sus posibilidades se harían casi infinitas.

LAS PRUEBAS DEFINITIVAS

No las barnicé tan siquiera, tenía que ver aquello rápidamente,  a si que con mi hermano Carlos nos fuimos a probarlas a Cebrones del Río, al caer al agua ya funcionaban y tras unos toques en la pala empezaron a funcionar excepcionalmente, era la cucharilla, no había la menor duda, pero mas sigilosa aún debajo del agua, posaba como una mosca ligera, una mosca de gran tamaño, al no llevar potera y girar sobre si misma camuflaba su anzuelo que además le daba mas brillo aún, no se enganchaba con tanta facilidad que las otras, la pala al sobre salir por fuera del  anzuelo en sus giros iba apartando los obstáculos, unida también su ligereza permitía traerla por el fondo incluso lentamente parándola periódica y simultáneamente, su pala flexible pero resistente  no estorbaba en la clavada. El ritmo de aquella cucharilla enganchaba, y no hacíamos nada mas que lanzar y probar para arriba y para abajo, alucinados totalmente; fijaros si estábamos alterados que al marcharnos me dejé las botas de goma colocaditas al lado del coche  y no me enteré hasta los tres días.

Al día siguiente era lunes, aprovechando que el anticiclón estaba centrado, cosa rara en el mes de febrero, y no había un pelo de aire abandone todo y me fui a hacer las pruebas definitivas en aguas paradas al pantano de Antoñan; ahí comprendí definitivamente al verla posar y navegar en aguas paradas que hacía nacido por fin la MOSCARILLA tan esperada por la afición, la cucharilla de este siglo, mas ligera, mas sutil, y mas civilizada  donde además de  poder imitar el movimiento tradicional de la cucharilla, con un mínimo esfuerzo de muñeca haciéndolo cómodo le podríamos añadir también los diferentes ritmos de cola de rata, ampliando y perfeccionando sus  movimientos debajo del agua, haciéndola mas desconocida y misteriosa para los peces, ya resabiados genéricamente y acostumbrados al  “chops” que precede siempre a la cucharilla,.

Al quedar  resistentes y con la ayuda de plomos o lastrándolas mas nos valen para lance ligero por lo tanto se incluye en el lance ligero también la mesa de montaje, lo cual era increíble hasta hace unos días.

Los modelos sencillos los va a poder montar cualquiera incluidos los pescadores mas noveles y menos manitas o aburridos ya un poco en el mundo de la cucharilla.

Mi intención, si es posible, es que con la ayuda de algunos colaboradores poderos transmitir esta maravillosa técnica con el transcurso del tiempo, personalmente, por medio de algún libro donde no pensamos escatimar secretos de montaje, lo cual me haría una tremenda ilusión.

Esta ha sido la pequeña historia de cómo volvió a mi caja aquella antigua compañera con la que me aficioné a la  pesca, hace ya mas de treinta años, a la que la debo muchos buenos ratos, y a la que sin yo saberlo echaba mucho de menos. Lo único que me preocupa de todo esto es el no saber si habré creado un Frankestein.